DAVID LOCKE
La certidumbre de la existencia de un creador que es además
juez de todos los hombres coloca el premio y el castigo que moderan las ambiciones
de los hombres en el más allá , por lo
que no es necesaria la amenaza del gobierno sobre sus súbditos. El hombre responsable que hace uso de sus facultades
cree en Dios y, por ello es consciente que
ningún gozo en este mundo puede compararse a los que nos esperan en la
vida venidera, y ningún castigo más doloroso que los que nos torturarán eternamente
en el infierno si no somos capaces de controlar nuestros apetitos. He aquí una de
las claves del pensamiento político de Locke.
Según
Locke, la ley natural señala que cada individuo posee unas propiedades
fundamentales: su “vida” (su cuerpo), su libertad” y sus posesiones (sus bienes
materiales). Cada hombre tiene el derecho a conservar estas propiedades y , por tanto a defenderlas, de ahí que , en el
estado de naturaleza, cualquier individuo pueda ejercer personalmente el poder
de juzgar y castigar a aquellos que
atenten contra la ley natural. De este modo, la ley natural aparece ahora como
un ” cerco ” que protege las
propiedades fundamentales del individuo, un muro que nadie puede traspasar con
sus acciones. y si no fuera por la corrupción y maldad de los hombres
degenerados, no habría necesidad de ninguna otra sociedad y no habría necesidad
de que los hombres se separasen de esta grande y natural comunidad (la
humanidad) para reunirse mediante acuerdos declarados, en asociaciones pequeñas
y apartadas las unas de las otras.
Frente al absolutismo, Locke apuntaba a un principio
democrático en el origen del Estado; no es un individuo quien toma el poder
según su propia visión, sino un representante de la mayoría y, en ultima
instancia, con el propósito de defender la ley natural, esto es, de preservar
la vida, la libertad y las posesiones – “las propiedades” – de los miembros de
la sociedad.
No resultaba extraño que la monarquía fuera el sistema de
gobierno escogido en los primeros tiempos por la mayoría, que confió la
administración de la ley natural al mejor de los hombres; sin embargo , sus
hijos no heredaron la sensibilidad por la justicia y la monarquía degeneró en tiranía
, por lo que el pueblo debía recuperar el poder, estableciendo una ley positiva
que limitase la capacidad de acción del ejecutivo. En tal sentido, Locke fue un
decidido valedor del sistema parlamentario instaurado en la Inglaterra de su
tiempo.
Locke planteó dos excepciones en las que tanto el gobierno
como el pueblo podrían rebelarse contra la ley positiva (que no la natural).
“El poder de prerrogativa” establecía que, cuando la
observancia de la ley resultase nociva para el pueblo, el gobierno podría actuar
en contra de lo que dictase el ordenamiento positivo.
La “disolución del gobierno” a través de la rebelión aparece
como un derecho legítimo, cuando las leyes o la interpretación de estas que
hace el gobierno estaría rompiendo el pacto fundamental por el que la sociedad
civil se constituyó.
Locke indicaba que rebelarse significa etimológicamente “volver
a la guerra” y, en realidad, lo que hace un gobierno tiránico con sus actos
contra el interés general es romper los lazos que mantenían unida a la
sociedad. No son los rebeldes quienes se vuelven contra el tirano, sino el
tirano el que arroja de nuevo a la sociedad al estado de guerra anterior al
pacto.
El padre del liberalismo concibió al individuo no sólo como
propietario de un terreno, sino como propietario de su propio cuerpo y de su
propia voluntad, que empleará como él decida: sólo Dios, como propietario de
todos los seres, puede marcar los límites de su voluntad. Si pues, la noción de
propiedad privada atraviesa la misma noción de ser humano de Locke, por lo que
determina tanto su ética como su política.
Locke mostraba en sus razonamientos de forma explícita que
la acumulación de capitales en pocas manos revierte en toda la sociedad, pues
toda ella dispone de los productos, que acaban consumiendo, y el conjunto del país
se beneficia de la laboriosidad de aquellos que son capaces de producir más.
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