sábado, 17 de marzo de 2018

La Esfera pública de Habermas


JÜRGEN HABERMAS
Nacido en Düsseldorf el 18 de Junio
(1929-…)

La decadencia de la esfera pública
La cultura de masas se hace en efecto, con su dudoso nombre precisamente porque el crecimiento de sus proporciones se debe a su adecuación a las necesidades de distracción y diversión de grupos de consumidores con un nivel relativamente bajo de instrucción ( en vez de, al revés, elevar a un amplio público a una cultura no sustancialmente degradada.
Un público pasivo que percibe la discusión púbica como un elemento más de la cultura de entretenimiento es un público manipulable . Es un público cuya opinión es potencialmente una opinión dirigida, construida desde arriba por los verdaderos agentes de la vida pública en estas democracias que ya no son – como debieran serlo – los ciudadanos, sino más bien los medios de comunicación o los partidos políticos.
Puede suceder que la discusión política quede personalizada, dominada por líderes carismáticos que ofrecen las opciones políticas que representan como si fuesen mercancías atractivas para un público pasivo de consumidores en lugar de defenderlas con argumentos ante un público activo de ciudadanos.

Un criterio normativo para la teoría crítica
La teoría de la sociedad de Habermas se fundamenta, pues en la intuición de que sólo en el habla, en la comunicación lingüística, está contenida la posibilidad de relaciones intersubjetivas libres de dominio .” Hablamos de acción comunicativa cuando los actores coordinan entre sí sus planes de acción por medio del entendimiento lingüístico”. Una sociedad será tanto más libre cuanto más amplios sean los espacios en los que la interacción de sus miembros se organice mediante la acción comunicativa.

La colonización del mundo de la vida

Según Habermas, para su propia conservación todas las sociedades tienen que cumplir con éxito algunas funciones básicas: tienen que garantizar la subsistencia física de los individuos y la preservación de sus límites ( función de producción material), tienen también que mantenerse cohesionadas por medios no simplemente coactivos (función de integración social) y, por último, tienen que garantizar la transmisión cultural y la socialización de los individuos en las normas y valores básicos de la comunidad (funciones de reproducción cultural y socialización).

En tanto que las instituciones públicas y privadas, estas instituciones forman parte del “Sistema” administrativo y económico. Su funcionamiento las conecta también con el “Mundo de la vida” por una razón crucial la producción y transmisión de conocimientos a la que sirven estas instituciones depende esencialmente de procesos de entendimiento, de intercambios de argumentos en los que solo deben imperar las mejores razones. Ni el poder ni el dinero pueden ser sustitutos funcionalmente equivalentes. Un sistema educativo que se limitase a impartir la doctrina oficial del Estado totalitario, o que estuviese exclusivamente al servicio de patrocinadores privados, de tal modo que solo se produjesen y transmitieran conocimientos demandados por el sistema político o por el mundo empresarial, fracasaría a la larga como depositario y transmisor de una tradición cultural que no puede medirse únicamente por su conveniencia política o por su rentabilidad económica.

La competencia entre formas de integración social y formas de integración sistemática (resalta) con más visibilidad que nunca… Los mecanismos sistémicos (poder y dinero) acaba desplazándolo las formas de integración social, incluso en aquellos ámbitos en que la coordinación consensual de la acción no tiene sustituto alguno. Incluso allí donde está en juego la reproducción simbólica del mundo de la vida. La mediatización del mundo de la vida adopta la forma de una colonización del mundo de la vida.  

LA DEMOCRACIA EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA

La teoría de la democracia deliberativa parte del supuesto de que e democracia la legitimidad del poder político no depende sólo del apoyo electoral recabado en las urnas, sino de un consentimiento de los ciudadanos que debe estar precedido de procesos de deliberación pública .La sociedad civil y la esfera pública, en la que los ciudadanos tematizan y debaten los asuntos de interés general al margen de las instituciones del Estado, se convierten así en los verdaderos protagonistas de la vida política democrática. La sociedad civil no tiene, ni puede temer, poder político, es decir, capacidad para tomar directamente decisiones colectivamente vinculantes, pues eso corresponde a las instituciones del Estado. Los parlamentarios ,gobiernos, etc. Puede y debe, en cambio ejercer influencia sobre el Estado... La sociedad civil tiene que cumplir determinadas condiciones. La primera de ellas es un nivel alto de cultura política entre los ciudadanos, o la existencia de una cultura política ilustrada y de una ciudadanía acostumbrada al ejercicio de las libertades. Esta condición se opone a la desinformación y despolitización a la que tienden estructuralmente las democracias de masas contemporáneas. La democracia deliberativa necesita más bien una ciudadanía políticamente informada y activa, interesada en la vida pública y en los asuntos de interés general. La teoría de la democracia deliberativa es el escenario principal de la vida política es la esfera política ( y no los consejos de ministros, ni siquiera las sesiones parlamentarias)-.La democracia deliberativa requiere medios de comunicación dispuestos a contribuir a la calidad de la opinión pública, es decir: medios dispuestos a operar una selección de temas y una organización de sus contenidos que favorezca la formación de una opinión pública informada y razonada. Los medios dejan de cumplir su función cuando se someten a intereses políticos (burocráticos o partidistas) o cuando quedan banalizadas e instrumentalizados por intereses comerciales, dos tentaciones paralelas a las que siempre están expuestas en las democracias actuales. Las sociedades en que existe esa sociedad civil informada, movilizada y politizada que reclama la teoría de la democracia deliberativa. La ciudadanía puede asumir circunstancialmente un papel activo e incluso decisivo.


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