THEODOR W. ADORNO
Nace en Frankfurt 11 de Septiembre (1903-1969)
La cultura culpable
El objetivo de Adorno y Horkheimer era conducir los
presupuestos de la ética moderna hasta sus posiciones más avanzadas y extremas,
para mostrar que detrás de la defensa ilustrada de la razón, entendida como
motor de la práctica y la libertad, se esconde en realidad un principio de
aniquilación y autodestrucción.
Cuando se defiende la recta razón como único motor de la
acción frente al instinto, ella misma acaba por ser revocada por la naturaleza
ciega, y el sujeto que antes oprimía sus impulsos se convierte en una víctima
de sí misma.
Los dos autores el análisis de la “industria cultural” y la
cultura de masas, un nuevo fenómeno en el que vieron manifestarse la dialéctica
de la Ilustración, es decir, la conversión del pensamiento en dominio racional
y su progresiva extensión sobre todas las esferas de la vida humana.
Los productos de la industria cultural se encontraban constituidos de tal forma que terminaban por
impedir cualquier tipo de capacidad imaginativa o espontánea en el espectador,
el cual veía reducida su participación a la de un consumidor pasivo. “los
consumidores son obreros y empleados, agricultores y pequeños burgueses. La
producción capitalista los encadena de tal modo en cuerpo y alma que se someten
sin resistencia a todo lo que se les ofrece.
LA VIDA YA NO VIVE
Con la demoledora sentencia del escritor austríaco
Ferdinand Kürnberger (1821-1879), “ la vida ya no vive”, Adorno denunciaba la
progresiva liquidación del individuo dentro de la aplastante sociedad moderna,
que lo asfixiaba hasta no dejar espacio apenas para lo diferente. Apuntaba
Adorno, de un “totalitarismo blando” ejercicio sobre las conciencias, que
mostraba la aparente contradicción que encerraba el individuo moderno: por un
lado, el sujeto se entendía como libre y autodeterminado pero, por otro, era
aniquilado y reducido. Los seres humanos habían dejado de ser únicos e
irremplazables, para transformarse en seres genéricos, cada vez más iguales
entre sí, dentro de una colectividad que los convertía en anónimos. “ La
regresión del hombre consiste hoy en la incapacidad de poder oír con los
propios oídos aquello que no ha sido aún oído, de tocar con la propias manos
aquello que no ha sido tocado “. Escribió adorno, quien dirigía su atención
sobre las huellas en las que se hacía visible la dominación y la
mercantilización de la sociedad.” No es posible la vida buena en medio de la
vida falsa”, rezaba una de las más conocidas sentencias de Mínima moralia. No se puede pensar la idea de libertad individual
dentro de una sociedad no emancipada.
El enigma del arte
Las obras de arte , y el arte mismo, eran entendidas por
adorno como enigmas: “El carácter enigmático, bajo su aspecto linguístico,
consiste en que las obra dicen algo y a la vez lo ocultan”.
Lo que veían en común entre el arte y la filosofía negativa
es la presencia de un momento de protesta frente al dominio, el deseo de salvar
lo “ no-idéntico”, es decir ,aquello que había sido olvidado por el sistema.
Adorno entendía el arte como antídoto frete a la cosificación de la cultura y de la sociedad, y esto era así porque en la obra de arte no se
producía un tipo de conocimiento racional, sino respetuoso con los objetos.
Frente al color, el
arte sombrío
Para Adorno, el arte no tenía la misión de comunicarse o
transmitir un mensaje que embellezca la realidad, sino que poseía una función
más importante: la expresión.
El arte no puede expresar alegría y reconciliación, sino
dolor, violencia y sufrimiento generado por l proceso civilizador, de ahí que
representar para Adorno el último ámbito posible dónde resistir frente a un
mundo totalmente dominado.. No se daba en el ate de masas que promovía la industria
cultural y que suponía una repetición ideológica del dominio; tampoco en el
arte realista, que presentaba una ficticia reconciliación entre el hombre y la
sociedad. Por eso, el arte auténtico debía sr sombrío, negro. Mientras que los
colores expresan armonía, la claridad , la alegría, el goce y la despreocupación,
el negro simboliza lo tenebroso, lo disonante, lo extraño y melancólico. El
arte sobrio no quiere es esparcimiento ni la dicha. No busca refugio en el
brillo de los colores y n el ruido ensordecedor de la cultura de masas, tal
como aparece en la televisión o la publicidad.
Este carácter de negación radical era entendido entonces
como la única salida posible frente a la producción masificada de los bienes
culturales, una liberación que Adorno solo creía posible en el arte moderno.
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