miércoles, 28 de febrero de 2018

Teoría y arte como protesta emancipadora







THEODOR W. ADORNO
Nace en Frankfurt 11 de Septiembre (1903-1969)

La cultura culpable

El objetivo de Adorno y Horkheimer era conducir los presupuestos de la ética moderna hasta sus posiciones más avanzadas y extremas, para mostrar que detrás de la defensa ilustrada de la razón, entendida como motor de la práctica y la libertad, se esconde en realidad un principio de aniquilación y autodestrucción.
Cuando se defiende la recta razón como único motor de la acción frente al instinto, ella misma acaba por ser revocada por la naturaleza ciega, y el sujeto que antes oprimía sus impulsos se convierte en una víctima de sí misma.
Los dos autores el análisis de la “industria cultural” y la cultura de masas, un nuevo fenómeno en el que vieron manifestarse la dialéctica de la Ilustración, es decir, la conversión del pensamiento en dominio racional y su progresiva extensión sobre todas las esferas de la vida humana.
Los productos de la industria cultural se encontraban  constituidos de tal forma que terminaban por impedir cualquier tipo de capacidad imaginativa o espontánea en el espectador, el cual veía reducida su participación a la de un consumidor pasivo. “los consumidores son obreros y empleados, agricultores y pequeños burgueses. La producción capitalista los encadena de tal modo en cuerpo y alma que se someten sin resistencia a todo lo que se les ofrece.

LA VIDA YA NO VIVE

Con la demoledora sentencia del escritor austríaco Ferdinand Kürnberger (1821-1879), “ la vida ya no vive”, Adorno denunciaba la progresiva liquidación del individuo dentro de la aplastante sociedad moderna, que lo asfixiaba hasta no dejar espacio apenas para lo diferente. Apuntaba Adorno, de un “totalitarismo blando” ejercicio sobre las conciencias, que mostraba la aparente contradicción que encerraba el individuo moderno: por un lado, el sujeto se entendía como libre y autodeterminado pero, por otro, era aniquilado y reducido. Los seres humanos habían dejado de ser únicos e irremplazables, para transformarse en seres genéricos, cada vez más iguales entre sí, dentro de una colectividad que los convertía en anónimos. “ La regresión del hombre consiste hoy en la incapacidad de poder oír con los propios oídos aquello que no ha sido aún oído, de tocar con la propias manos aquello que no ha sido tocado “. Escribió adorno, quien dirigía su atención sobre las huellas en las que se hacía visible la dominación y la mercantilización de la sociedad.” No es posible la vida buena en medio de la vida falsa”, rezaba una de las más conocidas sentencias de Mínima moralia. No se puede pensar la idea de libertad individual dentro de una sociedad no emancipada.

El enigma del arte

Las obras de arte , y el arte mismo, eran entendidas por adorno como enigmas: “El carácter enigmático, bajo su aspecto linguístico, consiste en que las obra dicen algo y a la vez lo ocultan”.
Lo que veían en común entre el arte y la filosofía negativa es la presencia de un momento de protesta frente al dominio, el deseo de salvar lo “ no-idéntico”, es decir ,aquello que había sido olvidado por el sistema.
Adorno entendía el arte como antídoto frete a la cosificación de la cultura y de la sociedad, y esto era así porque en la obra de arte no se producía un tipo de conocimiento racional, sino respetuoso con los objetos.

Frente al color, el arte sombrío

Para Adorno, el arte no tenía la misión de comunicarse o transmitir un mensaje que embellezca la realidad, sino que poseía una función más importante: la expresión.
El arte no puede expresar alegría y reconciliación, sino dolor, violencia y sufrimiento generado por l proceso civilizador, de ahí que representar para Adorno el último ámbito posible dónde resistir frente a un mundo totalmente dominado.. No se daba en el ate de masas que promovía la industria cultural y que suponía una repetición ideológica del dominio; tampoco en el arte realista, que presentaba una ficticia reconciliación entre el hombre y la sociedad. Por eso, el arte auténtico debía sr sombrío, negro. Mientras que los colores expresan armonía, la claridad , la alegría, el goce y la despreocupación, el negro simboliza lo tenebroso, lo disonante, lo extraño y melancólico. El arte sobrio no quiere es esparcimiento ni la dicha. No busca refugio en el brillo de los colores y n el ruido ensordecedor de la cultura de masas, tal como aparece en la televisión o la publicidad.
Este carácter de negación radical era entendido entonces como la única salida posible frente a la producción masificada de los bienes culturales, una liberación que Adorno solo creía posible en el arte moderno.









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