HANNAH ARENDT
LA NECESIDAD DE
COMPRENDER EL MAL RADICAL
Publicado en 1951, Los
orígenes del totalitarismo es un clásico de la teoría política
”Comprender, sin embargo, no significa negar la atrocidad
,deducir de precedentes lo que no los tiene o explicar fenómenos por analogías
y generalidades tales que ya no se sientan ni el impacto de la realidad ni el
choque de la experiencia. Significa , más bien, examinar y soportar
conscientemente la carga que los acontecimientos han colocado sobre nosotros.
Ni negar su existencia ni someterse mansamente a su peso como si todo lo que
realmente ha sucedido no pudiera haber sucedido e otra manera. La comprensión,
en suma, es un enfrentamiento impremeditado, atento y resistente, con la
realidad , cualquiera que sea o pudiera haber sido esta.
Según la definición aportada por la pensadora de Königsberg,
un estado totalitario es aquel que responde ante todo a una dinámica ideológica
y obedece a una “visión del mundo” en un sentido peculiar y privativo. La
enorme complejidad de la realidad queda
reducida, según la óptica totalitaria, a una sola idea, convertida en la clave
oculta de todo cuanto ocurre, de todo cuanto aparece y desaparece en la
superficie del mundo. La lucha perpetua de las razas superiores por la
supervivencia y por la supremacía se convierte en el motor absoluto de la
historia para el nazismo, mientras que para el estalinismo ese motor no es otro
que la necesidad histórica que lleva el proletariado a expulsar de la realidad
a las clases sociales que entorpecen o frenan el progreso.
De este modo, ambas ideologías eran más bien modelos
deformados de una fe ciega en la omnipotencia del poder, que no distinguía entre la naturaleza y la historia, y que
acababa considerado al individuo poco menos que algo despreciable y ,por tanto,
prescindible.
La máxima “todo es necesario” se convierte en totalitaria
solo cuando promueve la perspectiva correlativa de un “todo es posible”.
Únicamente la ideología totalitaria contempla el mundo
normal de la vida como una apariencia que está condenada a ser rediseñada y
concibe la sociedad plural como un material en bruto que ha de ser recreado por
medio del terror.
La imposibilidad de
castigo del mal radical
El concepto Kantiano de “mal radical” en referencia al
crimen totalitario. Para Kant, esta
noción aludía a la perversidad del corazón humano, que nunca se deja guiar en
exclusiva por la razón moral, sino que busca siempre, a la vez , su propio
interés egoísta. El mal radical aparece
por tanto como una cualidad de los sucesos y del universo de los engloba. Pero
en la determinación arendtiana de esta noción entra necesariamente en juego
también la perspectiva de la victimas supervivientes, la de los jueces que
tomaron en consideración lo ocurrido y, en general, la de todos los vivientes
que reflexionan sobre una tragedia de estas proporciones. Esta perspectiva a posteriori
es la que repara en que no cabe ningún castigo adecuado para los autores de las
matanzas administrativas, en que no hay pena que pueda corresponder a la proporción
del crimen cometido, lo cual no implica, por supuesto, el absurdo de que los
culpables no deban ser condenados. Esta mirada posterior de los acontecimientos
encuentra asimismo que no hay tampoco ninguna actitud moral o acto personal que
puede estar “ a la altura” de lo
ocurrido: el perdón es absurdo; la venganza ,irrelevante; la empatía,
imposible. La gran creación del totalitarismo es un mal imperdonable e
imposible de castigar, y este mal radical es también su legado.
La enseñanza del
imperialismo
De acuerdo con la pensadora, estos factores genéticos del
totalitarismo son, por un lado, el imperialismo de las potencias europeas en
proceso de expansión por todo el orbe y ,por otro lado, la difusión del
antisemitismo como elemento detonante y destructivo del gobierno a través de la
ley.
En esta perspectiva, el rasgo más significativo del
imperialismo europeo del último tercio el siglo XIX consistió en que los
Estados-nación europeos se anexionaron vastísimos territorios en África y Asia
sin tener que definir ninguna comunidad política entre los gobernantes y los
gobernados, Los ingentes poblaciones nativas, incorporadas sobre todo a la
soberanía francesas y a la británica, carecían de un estatuto de ciudadanía,
más tampoco eran directamente súbditos en curso de homogenización con la
población nacional, ni, en fin esclavos sin más.
El doble nacimiento
de los vivientes
El sujeto humano es el ser que , por haber nacido al mundo, por
haber aparecido como un inicio efectivo e irrepetible, tiene en sí mismo la
capacidad de iniciar. Dicho de otro modo, es el viviente que, por la novedad
que es su natalidad, puede poner en marcha procesos de cambio que tiene sentido
no ya solo para él mismo, sino para la pluralidad de sus semejantes con quienes
coexiste en el presente.
La inexistencia del
pensamiento
Tal y como dejó escrito en su última obra, La vida del espíritu:
La única característica notable que se podía detectar en su
comportamiento pasado y en el manifiesto a lo largo del juicio y de los exámenes
policiales anteriores fue algo enteramente negativo: no era estupidez, sino la inexistencia completa de pensamiento.
La vertiente añadida es ,porque este hombre no piensa. Es
organizador inteligente que tiene en la cabeza todos los cálculos relativos a
medios, recursos, tiempos y reglamentos no tiene, o no se permite tener, un
pensamiento. Y es que pensar consiste, antes que nada, en detenerse sobre la
experiencia vivida y en atender al sentido de lo que ocurre, de lo que uno hace
y de lo que va a hacer.
Cuanto más se le escuchaba (a Eichmann), más obvio se volvía
el hecho de que su incapacidad para hablar estaba estrechamente ligada con su
incapacidad para pensar, es decir, para pensar desde el punto de vista de alguien
distinto. Ninguna comunicación era posible con él, no porque mintiera sino
porque estaba rodeado por la más fiable de todas las salvaguardias contra las
palabras y contra la presencia de los otros, y por tanto la más segura
salvaguardia contra la realidad como tal.
Eichmann no necesitaba sino recordar el asado para sentirse
seguro que de no estaba mintiendo y no estaba engañándose, ya que él y el mundo
en el que había vivido estuvieron en plena armonía en un momento dado. Y la sociedad
alemana de ochenta millones de personas se había parapetado contra la realidad
y la facticidad por exactamente los mismos medios, el mismo autoengaño, mentiras
e imbecilidad que estaban incrustados en la mentalidad de Eichmann.
El nuevo tipo de criminal del que Eichmann es el modelo no
piensa. La ideología totalitaria, por un lado, y la racionalidad instrumental ,administrativa
y técnica, por el otro, convergen como si se tratara de una tenaza y conducen a
la desesperación del pensamiento.
La tesis de banalidad del mal estriba en este hallazgo de un
“ nuevo tipo de criminal terrible y terroríficamente normal”. Aunque Arendt se
mantuvo firme en su rechazo a que el Holocausto nazi o el gulag soviético se
interpretaran como meros episodios o ejemplos de una lógica subyacente de la
modernidad.
DOS MALES QUE SE COMPLEMENTAN
Los consejos judíos eran una pieza dentro de la maquinaria
de exterminio implantada por Eichmann. Creados en los guetos de internamiento
forzoso, aunque no en todos los territorios ocupados ( no, por ejemplo, en
Francia ,Italia. la Unión Soviética o los Balcanes), estos consejos estaban
dirigidos por judíos destacados de sus respectivas comunidades. Sobre ellos recaían las tareas de organización
de las penosas condiciones de vida bajo la reclusión. En algunos casos incluso
intervinieron en la redacción de las listas de deportados, cuyas cifras y periodicidad
fijaba el equipo de Eichmann, como recordaba Arendt.
Los miembros de los consejos estaban ellos mismos condenados
a muerte, pero entretanto llegaba su momento desempeñaban un papel accesorio en
el control del proceso.
Allí donde vivían judíos, existían entre ellos líderes
reconocidos, y estos líderes, casi sin excepción, cooperaron con los nazis de
una manera o de otra, por una razón u otra. La verdad es que si el pueblo judío
hubiera carecido realmente de organización y liderazgo, se habría producido el
caos y mucha calamidad, pero el número total de víctimas difícilmente habría alcanzado
la cifra de entre cuatro y medio a seis millones.
El estudio arendtiano no ocultaba que ese colapso del juicio
y , con él, el colapso de la acción se extendieron a toda la sociedad europea. Se
produjo no solo en Alemania y entre fuerzas políticas, sino también en los
medios culturales e intelectuales, y entre las confesiones religiosas ,incluida la Iglesia católica.
El mal puede ser extremo, puede destruir la existencia y la
coexistencia de los seres humanos puede asolar el mundo y quebrantar la condición
humana y no dejar nada en sustitución de aquel y de esta. Pero no por ello el
mal posee una profundidad metafísica, no por ello encubre unas raíces que comuniquen
con dimensiones desconocidas de la realidad o de la humanidad ni tiene el
atractivo y el poder de lo demoníaco, sino que se mantiene como una catástrofe demasiado
humana.
En defensa de la
desobediencia civil
El hecho de actuar en grupo., de desafiar en público a la
autoridad y de hacerlo sobre la base de una opinión común, que se quiere no
solo defender sino también difundir, caracterizan a la desobediencia civil.
En este contexto y en contra de la opinión de los
revolucionarios de izquierdas. Arendt tenía claro que “ lo que amenaza al grupo
estudiantil, principal grupo de desobediencia civil del momento, no es el
vandalismo, la violencia, los malos modos y las peores maneras, sino la
creciente infección de ideología que experimenta el movimiento (maoísmo, castrismo,
estalinismo, marxismo-leninismo y otras semejantes) y que, en realidad, escinde
la asociación y la disuelve.
La conexión entre las mentiras a la opinión pública, el
engaño institucional – ya que nunca hubo declaración oficial de guerra de los Estados
Unidos contra el régimen socialista de Vietnam del Norte, como si esta guerra
no existiera - y el autoengaño de políticos y especialistas hizo que los
objetivos de la intervención fueran cambiando de año en año y de fracaso en
fracaso, y que finalmente la denuncia de los contestatarios civiles ganara ante
esa misma opinión púbica la credibilidad que el poder gubernamental despreció y
desperdició.
La violencia y su
relación con el poder
La violencia, por tanto , se encuadra en el segundo orden de
la acción establecido en la Condición humana, el del trabajo, que puede
desplegarse en soledad o puede ser ejercido por un solo ser humano sobre muchos
otros.
La violencia se halla ante una completa imposibilidad de generar poder, pues tal como
lo entiende Arendt este requiere de un grupo de seres humanos que esté unido en
su diversidad y que asuma la capacidad d actuar concertadamente.. Sobre la
violencia: “La violencia puede siempre destruir el poder; del cañón de un arma
brotan las órdenes más eficaces que
determinan la más instantánea y perfecta obediencia. Lo que nunca podrá brotar
de ahí es el poder”.
Donde la violencia ya no es apoyada y sujetada por el poder
se verifica la bien conocida inversión en la estimación de fines y medios. Los
medios, los medios de destrucción, ahora determinan el fin, con la consecuencia
de que el fin será la destrucción de todo poder.
PENSAR,QUERER Y
JUZGAR
Tal como rezaba en una de las citas predilectas, debida al
político romano Catón de Útica (95 a.C. -46 a.C.) experimentó que gracias al
pensamiento “nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca menos
solo que cuando está consigo mismo”.
Las dimensiones del
pensar
Cuando pienso no me encuentro donde estoy en realidad; no
estoy rodeado de objetos perceptibles a los sentidos sino de imágenes
invisibles para todos los demás. Es como si me hubiera retirado a un país
mágico, el país de los invisibles, del que no podría saber nada si no estuviera
dotado de la facultad de recordar y de imaginar.
La fractura de la
voluntad
¿Qué es la libertad?
Allí donde los hombres aspiran a la soberanía, ya sea como individuos,
ya como grupos organizados, deben someterse a la opresión e la voluntad, sea
esta voluntad individual con la que me fuerzo a mí mismo o “ la voluntad
general” de un grupo organizado. Si los hombres aspiran a ser libres, es justamente
a la soberanía a lo que deben renunciar.
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